Juan antonio Cebrián Onda Cero

A Juan Antonio Cebrián, seis años de reflexión

20 de Octubre, se cumplen seis años ya, seis años desde aquel sábado desconcertante. No es que tuviéramos mucho dinero por aquel entonces pero habíamos ido a un concierto de Mastretta como colofón a una semana muy completa de estudio y trabajo. Después de eso, el viaje en metro de vuelta a casa, agotador, en el vagón con los ojos cerrados. Y ya en casa, un instante antes de caer rendidos, acordarse de repente de que La Rosa de los Vientos está en marcha, como todos los fines de semana. Pero no ese sábado. Ese día en vez de la radio, sonó el teléfono casi a las dos de la mañana para preguntar lo inimaginable.

De tu desaparición no diré más pues se ha dicho y escrito mucho, por gente además más cercana a ti y a tu trabajo. A mí al menos me hizo falta seguir escuchando durante mucho tiempo tu programa para darme cuenta de lo que había ocurrido.

Pero querría volver otros tres años hacia atrás. Al sábado 22 de Mayo de 2004, casi hace una década. Aún en la Universidad pasaba, sin duda, el peor final de curso que recuerdo. Se mezclaban el agobio de las entregas, la sensación de alivio de tener un domingo de colchón, la indiferencia ante una boda real que paralizó al país, una tarde oscura y gris pasada por agua, un revés grave en la salud de mi madre y -a modo de envoltura de todo lo anterior- la sensación de no poder dedicar a cada problema el tiempo merecido. Un día de esos con voluntad propia que se quedan grabados en la memoria, quiera uno o no.

A media tarde, la ocurrencia de hacer un poco de zapping por la radio. Era una época más de cds que de radio ya que desde septiembre del año anterior no escuchaba tu progama en Onda Cero. La Rosa de los Vientos había desaparecido de repente, sin avisar, y ya eran más de ocho meses con las noches vacías. Ese inesperado encuentro, sin poder creermelo, oyéndote hablar de Zaida y Alfonso VI hizo que durante unos minutos se desvanecieran todos los problemas, los urgentes pero también los importantes. No fue de tus programas más radiantes ni de los más recordados, pero esa tarde de sábado permanece en mi memoria y lo hará siempre. Éstas son aquellas tres horas mágicas de radio total:

20040522_120_Especial Bodas Reales parte 1
20040522_120_Especial Bodas Reales parte 2
20040522_120_Especial Bodas Reales parte 3

Yo no he leído tu biografía publicada por Ediciones de Hoy, aunque he disfrutado uniendo fragmentos de información para reconstruir mi propia historia del programa. Tengo sólo dos libros tuyos que atesoro con cariño. No soy un fan de la Rosa de los Vientos de 2013, aunque escucho su podcast cuando tengo tiempo. Tengo 13 Gb. (y aumentando) de programas grabados en mp3 y descargados de varios sitios, pero no me considero un friki del programa. Nunca llegué a hablar contigo; una vez te vi en una feria del libro desde una cola, pero como yo no llevaba el libro que firmabas sino otro de otra editorial no me dejaron pasar. Cuando te fuiste no acudí a tu entierro ni he participado en ningún homenaje, ni siquiera el del Bosque Cebrián, evento bello y apropiado para ti como ninguno. No lloré al enterarme de tu muerte, ni intenté llamar a la radio para expresarme, ni escribí al correo del programa ni a nadie de de tu equipo; tan sólo recorté tu foto del periódico y la guardé en mi cuaderno.

No soy, por tanto, el mejor seguidor de tu programa y trayectoria, sólo un rosaventero más. Hoy sin embargo quería escribir esto por si llega allá donde estés para decirte que ese día 22 de Mayo de 2004 nadie en este mundo te escuchó con más atención, alegría y devoción. Nadie, te lo aseguro.

Media docena de años oyendo La Rosa en directo y otra media buscándo fragmentos de tu legado por internet, ¿por qué dedicar un par de horas para recordarte y escribirte hoy cuando debería estar trabajando?. Supongo que han hecho falta seis años para unir todos los cabos, derramar unas lágrimas y saber bien qué debe uno decir.

En la vida nos encontramos con muchas personas. La mayoría vienen y se van… vienen y se van. Y de vez en cuando, muy de vez en cuando, alguna se queda hasta el final, venciendo incluso a la muerte. Estas palabras pretenden ser otro grano más de arena para hacerte, aún si cabe, un poquito más inmortal. Sin embargo, el agradecimiento más profundo y el verdadero homenaje que empieza ahora son silenciosos y me los guardo para mí y para ti.

2 Comments

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